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TEMA: Alpes 2015

Alpes 2015 6 años 5 meses ago #43986

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Buenas, os dejo una de mis aventuras más autenticas junto a un compañero de los buenos!!!
En agosto, Jesus(Txe) y yo, salimos hacía Chamonix para vivir una bonita experiencia...esta es parte de la historia!!
Os dejo el vídeo recién publicado por Jesus y mi crónica del viaje completo.(la lectura es más o menos 1h)
Espero que os guste y que disfrutéis de la aventura!!
Saludos...

www.youtube.com/attribution_link?a=ryHwY...YI%26feature%3Dshare



ALPES 2015-8
Después de tanto esperar, por fin llego el día 11 de agosto. Jesús (mi compañero de viaje) y yo salíamos para Chamonix. Nuestra intención era vivir al máximo y sobre todo de una forma activa, aquellas tierras desconocidas para ambos.
Viaje largo pero a gusto, solo de pensar y hablar sobre lo que teníamos previsto, nos hacía pasar el rato sin ningún tipo de aburrimiento, todo lo contrario.
Llegamos por la noche a Chamonix, vestidos de calle y ansiosos por bajar las bicis de la furgoneta. Aprovechamos la facilidad de moverte en bici por una ciudad para estirar las piernas y sacar alguna foto. Dimos un corto pero emocionante paseo por el pueblo, observando y haciéndonos retratos con estatuas de antiguos y famosos montañeros, nerviosos, intentando recorrer y conocer el lugar en dos pedaladas como si no tuviéramos más oportunidad de hacerlo. Una vez finalizada nuestra desordenada y fugaz visita, rápidamente nos dirigimos a nuestro verdadero destino, (Le Tour). Inicio de nuestro particular tour en bici al Mont Blanc.
Llegábamos con el objetivo de dar la vuelta al gran Monte Blanco a través de senderos y collados utilizados por senderistas que lo realizaban a pie. Esto desencadenaba en nuestro interior una gran dosis de incertidumbre y de cierto nerviosismo por el hecho de cómo seriamos capaces de afrontar las duras y no ciclables subidas y las expuestas y peligrosas bajadas, pero a la vez nos infundía una motivación añadida que poco se podía comparar a la de rutas convencionales por nuestro territorio. Para nosotros era un lugar desconocido, con radicales cambios climatológicos, con cotas y pasajes de alta montaña donde solo unos locos atrevidos se adentran con bicicletas de montaña y donde pudiendo elegir una manera más suave y llevadera, elegimos una opción de altura, dureza y acercamiento a los impresionantes glaciares que nos dejarían sin aliento en diversas ocasiones.
Dada la habilidad de Jesús con los ordenadores, gps, etc, él se encargo de sacar los tracks, leyendo, viendo y cotilleando paginas de cicloalpinismo. A esto se le unía que a mí no me gusta demasiado y aparte había llegado de viaje un día antes de nuestra salida hacia Chamonix. Yo confiaba en su criterio, no obstante habíamos hablado de cómo nos gustaría hacerlo pero la decisión final fue de él.
El día 12 nos despertamos mirando boquiabiertos al glaciar colgado que teníamos encima y que al llegar de noche no habíamos visto. A partir de este momento seria un sin cesar de majestuosas panorámicas, de quedarnos con la boca abierta mirando a un lado y a otro y de decir una y mil veces lo espectacular que era aquello.
Empezamos subiendo hasta el collado de Balme. Primer subidon en frio y con más peso de lo que estamos habituados a cargar. Transportábamos más o menos lo necesario para 4 o 5 días de travesía por los Alpes, dormiríamos en hoteles y refugios de montaña y por lo tanto no teníamos que llevar ni saco ni esterilla y mucho menos tienda. Aún así tuvimos que acostumbrarnos a soportar las medianas mochilas y sobre todo a pedalear un poco más torpes de lo normal. Los dos subimos hasta el collado sin demasiados problemas aunque no sin esfuerzo. Desde allí, empezamos una ruta de alta montaña, donde tuvimos que portear para subir pero también a ratos para bajar. Muchos bikers son de la opinión que si hay que cargar la bici a hombros ya no es btt, lo cierto es que a nosotros nos daba igual la definición de nuestra aventura, pero lo que teníamos claro es que tendríamos que portear nuestras bicis de unos 13kg más las mochilas de unos 7. Habíamos decidido subir con nuestras bicicletas a sitios espectaculares, y como digo en muchas ocasiones, verte por esos parajes con tu bici, te hace volar, soñar, es una sensación mágica, fuera de lo común, sobre todo cuando debajo de ti tienes 1000 y pico metros de desnivel para bajar, sin parar más que para ver aquel espectáculo de montañas, agujas y glaciares colgados.
El primer día se fue volando, Jesús clavo el track pero no los kilometros, y de 30 y pico que nos aparecían en el gps, nos salieron casi 50. Hay que decir que aquí las distancias no son como en una ruta normal, en esta vuelta los kilómetros se hacen eternos, duros por el porteo o por el extenuante pedaleo debido a sus fuertes y largas pendientes, pasos técnicos en las bajadas, muchas veces expuestas y donde no puedes cometer ningún fallo.
Aquel día hicimos el tramo más arriesgado y expuesto de toda la ruta y de todas nuestras aventuras. Un pasillo de 1,5m de ancho más o menos, abierto hacia el abismo, tallado en medio de una pared vertical, con una sirga sujeta en la piedra en su lado derecho para que la gente que lo hace a pie se agarre con las manos, con 4 escalones más bien fáciles, tendría unos 30m de longitud. Un paso que cualquier biker sería capaz de bajar sin demasiados problemas en otras circunstancias, pero con una caída al vacío en su margen izquierda de más de 50m que lo hacía vertiginoso, arriesgado y muy muy delicado.
Lo miramos, lo recorrimos andando y luego decidimos hacerlo. Primero baje yo, me daba la sensación de que en el primer rebote de la horquilla en cualquier escalón, me tiraría al vacio. Sabía que no era así, siempre confiamos en la amortiguación delantera para bajar escalones y apoyar la rueda con firmeza pero aquí era distinto, muy distinto. Impresionante, el corazón en la boca literalmente pero como era lo lógico, la bici no me escupió hacia el precipicio y logre bajarlo sin demasiada confianza pero sin problemas. Mientras Jesús lo bajaba, yo cogí el móvil para grabarle y me temblaban hasta las pestañas. El al igual que yo, sin demasiada confianza pero sin problema bajo los 4 escalones y los dos suspiramos a la vez que se nos escapaban histéricas carcajadas provocadas por él nerviosismo. Nos costó un rato dejar de temblar y mientras hacíamos los zig-zags de la bajada, en cada curva mirábamos hacia arriba al paso, agradeciéndole que nos hubiese dejado pasar sin cobrarnos peaje. En situaciones extremas como estas, también dependiendo de para quien pueden serlo más o menos según su nivel técnico y psicológico, nunca te planteas la posibilidad de fracaso. Allí, el mínimo fallo hubiese significado la muerte seguro, pero solo piensas en que eres capaz de superarlo, en que todo el entrenamiento y la destreza que experimentas a diario en situaciones complicadas pero no tan peligrosas, te hacen tener “derecho” a vencer esa situación. Lograr superar ese miedo te hace mucho más fuerte mentalmente y siempre dentro de unos cálculos del riesgo “lógicos”, la suma de distintas experiencias como estas unidas a otras muchas de la vida cotidiana, en mi caso me hacen sentirme vivo y feliz.
Para mi aquel fue el día más duro, tuvimos que portear por la tarde bastante rato, hacia más bien calor y con 20kg a la espalda, no era fácil saltar las piedras y obstáculos del camino. Aunque tardamos 9h en llegar a nuestro destino, el camino mereció la pena en todos los sentidos y la llegada a Champex- Lac fue espectacular. Un pueblo rodeado de pistas de esquí, pero en verano lo más característico es el precioso lago que se extiende a lo largo del pueblo, más bien está el lago y en una sola orilla está distribuido todo el pueblo, otra maravilla, había gente bañándose y disfrutando de sus “heladas” aguas, aunque al meter las manos no nos lo pareciera.
El único inconveniente es que Suiza es carísimo, por lo menos aquel lugar, 1 plato de pasta más de 20e y 1 cerveza 7,5e. En fin, Jesús tenía hambre y sed y aunque a mí me duele pagar tanto dinero por algo que no lo vale, fuimos a cenar. Peeero después de cenar, Jesús todavía tenía sed yyyy nos fuimos a tomar otra cerveza $$$$ a un bar con terracita al borde del lago, paradisiaco, un sitio para pasar la noche allí, teníamos wifi que también y eso sobre todo para mi, era importante.
Salimos de Champex –Lac en bajada por una bonita senda donde nos divertimos con las enduro. A la hora de coger un senderito en subida que parecía paralelo a una pista que avanzaba sin coger altura y que luego se juntaban más adelante, decidimos seguir por la opción más fácil y seguir la pista. Casi sin darnos cuenta nos vimos en pocos km encajados en un paso del río donde teníamos la opción de volver sobre nuestros pasos o subir la que nos parecía la ladera más fácil hasta la carretera que había al otro lado. Habíamos ciclado por la pista y porteado por el rio en busca de nuestro sendero y el volver atrás se nos hacía duro, así que buscamos la subida más fácil a la carretera que había al otro lado y por allí decidimos aventurarnos y pasar uno de los momentos de más apuro y a la vez más divertido de todo el tour por lo absurdo de la situación. Una pared de tierra que igual sin bici a la espalda y agarrándonos con las dos manos no hubiéramos tenido problema, pero con la limitación de tener que sujetar la bici en nuestros hombros, era muy difícil avanzar, sobre todo teniendo en cuenta que había metros de caída. Ibamos subiendo como podíamos, nos pasábamos las bicis y luego avanzábamos nosotros hasta que en los últimos 10m, la pendiente era casi vertical y la llegada hasta la campa que se veía colgada desde abajo era bastante complicada. Es aquí donde Jesus, utilizo una técnica que denominamos posteriormente y entre grandes carcajadas bicipiolet. Consiste en ir clavando el pedal y el manillar de la bici en la pendiente de tierra, lo cual aparte de llenar la bici de barro, rayarla y romper el manguito, no parece ser muy eficaz, aún así, él fue subiendo poco a poco. Deje mi bici clavada en la tierra como pude y con miedo de que cualquier piedra de las que caían desde arriba por nuestro ascenso me la tirara por la fuerte pendiente, fui a ayudar a Jesús, cogí su bici y el pudo subir hasta la campa. Desde abajo y con mucho esfuerzo, cogiéndome con una mano a una fina pero eficaz raíz, le pase su bici y baje a por la mía. Me costó muchísimo subirla solo y mientras las raíces ya crujían cada vez que me sujetaba en ellas, le pase mi bici con muchísimo trabajo, respiré, descansé y con ayuda de Jesús y un agujero que hizo en la cornisa de hierba que colgaba hacia el precipicio para sujetarse, logramos salir ambos de aquella absurda y peligrosa situación. Sudados y manchados de tierra, a salvo y en pie sin peligro, nos quedamos mirando a una cercana casa y sus habitantes en un día soleado, disfrutando de sus quehaceres mientras nosotros salíamos de aquel agujero umbrío y peligroso como dos verdaderos tontos…
Pasados los momentos de apuros, nos quedaba por delante la subida al Collado del Gran Ferret (2537m), duro y largo pero ciclable para nuestras posibilidades. Apretamos fuerte y subimos hasta arriba montados ante el asombro de los montañeros que había en lo alto. Desde el collado se veía el Mont Dolent (3823m) y su impresionante glaciar que parecía que estaba allí mismo, las vistas eran sobrecogedoras y nosotros allí con nuestras bicis. Miraras para donde miraras era espectacular, Jesús paso un mal rato a consecuencia de la altura, del esfuerzo o quién sabe porque, pero en cuanto empezamos la bajada por aquel escenario, poco a poco se le fueron olvidando todos los males. Esta bajada fue espectacular, viendo todo el valle al fondo, el glaciar arriba, los divertidos y a veces muy técnicos senderos a tus pies atravesados con troncos y lajas de piedra puntiagudas para dirigir el agua hacia las caídas, hacía que tuviéramos que tener mucho cuidado en los tramos de desagüe, pero en general nos dejaba bajar con cierta holgura parando a menudo para intentar dejar grabado en nuestra retina cada momento de aquella preciosa bajada.
El descenso no nos pudo dejar mejor sabor de boca, disfrutamos de la bici pero sobre todo de aquel paraje sin igual. Nuestro destino del día era el agradable pueblo Italiano de Courmayeur pero antes teníamos una travesía por montaña que no sabíamos cómo iba a resultar. Después de valorar el tiempo amenazante de tormenta y de darles varias vueltas, que sí, que no, (que tu antes molabas…), decidimos bajar por el valle y no volver a subir a las alturas que aún siendo solo 300m positivos de ascenso, luego teníamos una travesía desconocida y con un porteo más que seguro hasta Courmayeur. Avanzamos por el valle ante un brutal espectáculo de glaciares y agujas y aunque el tiempo no nos dejaba ver todo lo que nos hubiese gustado era verdaderamente grandioso.
En un bar cercano a la carretera, Jesús el sediento dijo para tomar una cervecita de 6 o 7e, el sitio estaba lleno de sillas, mesas, sombrillas abiertas y de gente. Nos sentamos tan a gusto, pero el cielo estaba muy cerrado y empezó a descargar con fuerza. Todo el mundo salió corriendo menos nosotros y cogiendo sitio a nuestro antojo cada uno debajo de una sombrilla, nos tomamos la cerveza mientras jarreaba con toda la tranquilidad del mundo.
Dado que nuestro hotel se encontraba a un par de kilómetros del centro de Courmayeur, decidimos acercarnos pedaleando. Disfrutamos de un relajante paseo por el casco antiguo, cenamos en un pintoresco bar con nuestras bicis a la vista y tras muchos “pregos” y “aloras”, nos fuimos a descansar.
Al abrir la ventana de la habitación a la mañana siguiente, comprobamos que el agua que anunciaban para la tarde, se había adelantado y esto para hacer bici por montaña y más en alta montaña, es verdaderamente incomodo. Aún así decidimos salir y la verdad es que después de desayunar dejo de llover. Seguimos camino aunque cambiamos algo el itinerario de la mañana para evitar los sitios más altos y sus posibles porteos. Subimos hasta el refugio de Elisabetta por el valle, precioso sitio donde de tanto en tanto y ante nuestro asombro, veíamos sobresalir encima mismo de “nuestras cabezas” y cuando la niebla lo permitía, espectaculares y verticales agujas de piedra de centenares de metros, haciéndonos parar e imaginar el espectáculo que en parte nos estábamos perdiendo. Desde Elisabetta, atravesamos un suave valle rodando tranquilos y relajados disfrutando del ambiente alpino sin esfuerzo. A partir de allí empezaba lo bueno, fuerte subida. El hecho de que no hubiera pasos muy técnicos que nos hicieran bajar de las bicis, nos permitió subir pedaleando a golpe de lumbar, y poco a poco conseguimos llegar a nuestro ansiado Collado de la Seigne (2516m) porteando bastante menos de lo que en un principio habíamos pensado.
Al igual que desde el Collado del Gran Ferret, disfrutamos de una de las grandes bajadas del tour, impresionante, alpina, visual, larga, ciclable, en fín, de las buenas!!. En este tipo de bajadas, donde podías exprimirte a fondo, donde podías gastar las pastillas de frenos, donde podías gritar de la emoción del descenso, siempre y sin hablarlo previamente, bajábamos “tranquilos”, como intentando que no se acabara nunca, intentando sentir y llevarte dentro toda la esencia del lugar y del momento.
Nos cruzamos con varios grupos de montañeros en la bajada, con algún biker también. A los pobres les quedaba una subida de categoría pero al igual que cuando nos tocaba a nosotros la dura tarea del porteo, se les veía contentos y animados. Nos chocamos las manos en señal de amistad y de ánimo. Uno de ellos que estaba metido de lleno en un paso donde necesitaba las dos manos en el manillar de la bici, acerco su cabeza y me la puso a la altura de mi mano extendida, riéndonos juntamos su casco con mi guante en un acto de perfecto entendimiento que daba fuerzas a unos para el ascenso y alegría a otros para él descenso. Siempre me ha parecido curioso que en la montaña todo el mundo saque lo mejor de uno mismo, que incluso mirando a la cara de alguien totalmente desconocido, se sienta verdadera amistad. Que después de que te ofrezca un simple e insignificante trozo de queso, le tomes como alguien verdaderamente especial deseando volverle a ver en cualquier otro monte. Pero sobre todo y comparándolo con lo que vivimos a diario en nuestras ciudades, me hace pensar en que deberíamos ser un poco más “montañeros” y hacer que en este mundo se respire un aire más “saludable”. Aunque sinceramente, sea el primero que en mi ciudad deje de ser “montañero” y solo saque mi mejor sonrisa en contadas ocasiones.
Llegamos a las Bordas de los Glaciares, allí, a unos 200m de distancia había un refugio en el que podíamos pasar la noche y así lo habíamos pensado en caso de tormenta, de hecho, el cielo estaba muy cerrado. Tremendas nubes que iban y venían, amenazantes, dibujando preciosas siluetas grises, casi negras. Nubes que aún no queriéndolas en ese momento son para mí objeto de admiración.
Estábamos comiendo algo en una de las bordas entre mochilas de montañeros que estaban refugiados en otra que estaba pegada a la nuestra, cuando de repente empezó a llover. Metimos algunas mochilas que estaban fuera de la borda mojándose y mientras comíamos los trozos de pan con embutido que llevábamos, dos o tres perros de la zona, entraron a resguardarse de la tormenta con nosotros. Cuando la tormenta empezó a arreciar, cuando los truenos empezaron a rugir, el perro más viejo, el más sabio y el que habría pasado largos y duros inviernos en el lugar, salió rápidamente de nuestro cobijo y entro como un rayo en la casa del dueño de la granja mientras nosotros nos imaginamos seguramente con todo el acierto, como se acostaba cerca de la chimenea que estaba encendida dentro.
Dudamos en seguir hasta el refugio del Bonhome o en salir y recorrer los pocos metros que había hasta el refugio del valle para pasar la noche allí. El día siguiente habían dado muy malo, nieve a partir de 2500m y la decisión de pasarlo de descanso ya estaba tomada, pero esa tarde, queríamos llegar hasta el refugio de Bonhome que está situado a unas 3h de camino, 800m de desnivel más arriba de donde estábamos, pero subir de nuevo en el mismo día a más de 2500m con esa tormenta era complicado. En un rato dejo de llover, salimos a mirar el cielo pero era imposible adivinar qué rumbo iban a tomar las cambiantes nubes grises que había por todos los lados, miramos hacia nuestro collado y decidimos aventurarnos. En esta ocasión el ritmo no fue tan rutero como lo era habitualmente, subimos ligeros y sin perder tiempo hasta el final de la pista donde había una granja de vacas. Atravesamos la finca de la granja intentando sin demasiado acierto esquivar sus boñigas, seguimos por una pista embarrada desmontados y desde ese punto, 2h de porteo continuo hasta el collado de La Fours (2686m). En nuestro ascenso, nos encontramos a una pareja de Ingleses que nos sacaron fotos mientras ellos bajaban y con un trío de catalanes que hicieron lo mismo y nos pidieron los correos electrónicos para mandárnoslas. El hecho de llevar la bici en los hombros a esas altitudes, les sorprendía y aunque nosotros lo tomábamos como algo normal, es cierto que en el otro lado de la historia, pensaríamos lo que pensaron ell@s y que además entre bromas nos dijeron. En la conversación con los ingleses, varias veces salió la palabra “crazy” y los catalanes, directamente nos preguntaron si seguíamos tratamiento psiquiátrico. Nosotros entre risas y sabiendo que ya nos quedaba poco, apretamos los dientes y llegamos al collado con una gran sonrisa. A mí personalmente la subida me pareció dura y larga, con mucha pendiente, pero aún así disfrute muchísimo, en parte porque íbamos a ser capaces de llegar al punto que nos habíamos marcado desde casa pero también por el hecho de que parecía que las atractivas nubes nos esquivaban.
En la subida pare a coger agua en un barranco y decidí echarle una pastilla potabilizadora, no había animales a esa altura pero al recordar las vacas en la granja y su campo de boñigas, pensé en que no me costaba nada hacerlo. Así, mientras seguíamos ascendiendo, fui esperando la media hora para que el agua estuviera lista y empecé a beber sin miedo. Al poco rato de empezar a beber, llegamos a un llano antes de la última subida y nada más levantar la cara de la pendiente, nos encontramos con que el plano estaba lleno de vacas que nos miraban con curiosidad, sobra relatar lo que me vino a la cabeza!!.
Desde el collado de La Fours, nos quedaba una pequeña bajada hasta el refugio de Bonhome y al encontrarnos secos y con nuestro cobertizo muy cerca y en bajada, exprimimos un poco nuestros frenos y suspensiones y llegamos al refugio saltando por lajas de piedra y senderos de tierra hasta la misma puerta de Bonhome ante las miradas de los montañer@s que estaban fuera del refugio. La llegada fue curiosa, bajamos desbocados hasta la misma puerta y allí, nos quedamos un rato como anodadados, pensativos, disfrutando del momento y con una gran satisfacción de haber sido capaces de llegar o de haber tenido la suerte de recorrer el camino sorteando las nubes y de estar en el sitio previsto después de un porteo de los buenos y de la pequeña recompensa que nos regalo la divertida bajada hasta el refugio. Cuando nos dispusimos a entrar, me di cuenta de que mi llanta estaba tocando el suelo, en la cubierta una pequeña raja que después de acomodarnos, recauchute en 1 minuto mientras fuera del refugio caía una tormenta de miedo, el tiempo se cerro y no dejo de llover en más de 24h…
Así pasamos el día 15 de agosto, resguardados en el refugio esperando a que mejorara el tiempo, conociendo a personajes insólitos. El refugio de Bonhme, es paso habitual para los que están haciendo el tour del Mont Blanc, sobre todo para los que van a pie y también detrás de un enorme mulo que les lleva los bultos gordos. Detrás de un solo mulo, contamos hasta 14 personas andando, el mulo con su guía y el resto detrás con sus pequeñas mochilas de día en la espalda mientras el animal llevaba hasta 150kg en sus sacos estancos perfectamente encinchados a su silla de carga, nos pareció curioso. Pero lo que realmente nos dejo alucinados fue el gordo, simpático y extraterrestre escocés que se puso a charlar con nosotros. Mientras había gente que entraba en el refugio llorando a lágrima tendida por el tiempo frio (entre 0 y 3 g) y lluvioso, él llegaba en manga y pantalón cortos con su mochila mediana y su capa de plástico para disimular la lluvia en su cuerpo. Llego a mediodía, nos conto que aún teniendo dinero, siempre viajaba con un máximo diario de 30 e. En cuanto se cambio, se tomo una cerveza que costaba 8 e y una jarrita pequeña de vino que costaba otros 6. Cuando le vimos bebiendo, comentamos que se había gastado ya la mitad de su presupuesto, y dado que el refugio costaba 50e la noche, no le quedaba demasiado. Cuál fue nuestra sorpresa cuando poco antes de cenar, se sentó a nuestro lado y nos dijo que él se ponía en camino; nos pareció no entender bien lo que decía porque lo que caía fuera no era broma. Él además no iba por donde todo el mundo, no estaba recorriendo el tour del Mont Blanc, se dirigía a Niza por el GR5 creo que era, por un sitio por donde iba él y poco más. Cuando le vimos prepararse, entendimos que habíamos escuchado bien y que se iba, llevaba una tienda y se dirigía a un refugio que estaba a 12h a pie de allí. Salimos a despedirle, 0 grados, lluvia, viento y niebla a 2450m de altitud, se había puesto los mismos pantalones cortos, camiseta de manga corta y por encima de la mochila su insignificante capa de plástico. Nos quedamos en la terraza viéndole andar, ondeando su capa al viento y desapareciendo por una senda ascendente entre la niebla. Yo particularmente, no podía dejar de mirar y cuando nos sirvieron la cena, le seguí atónito con la mirada a través de los cristales del refugio hasta que desapareció entre las montañas. Debe de haber gente que posea una mayor capacidad de aguantar las bajas temperaturas, él, aparte de lucir una buena capa de grasa era un autentico valiente, todavía alucino al relatarlo.
En fin, nosotros también entre alguna cerveza de 8e que tomamos, vino de 6 y comida por un pico, pasamos en aquel “hotel de lujo” sin agua caliente nuestro día de descanso forzado más aburridos que otra cosa, sin poder dar ni un triste paseo por el monte debido a la incesante lluvia.
Para el día siguiente, habían anunciado unas condiciones climáticas más favorables pero cuando nos levantamos seguía igual, 0 grados, lluvia aunque no muy fuerte y niebla. Ese día teníamos que salir ya que habíamos quedado al día siguiente con mis amigos de Alicante para subir al Gran Paradiso. Nos pusimos el gore y salimos del refugio pensando en que teníamos una larga bajada y sería fácil escapar del mal tiempo. En cierto modo así fue, dejamos la ligera nevada en el collado y aunque el descenso no era demasiado ciclable, menos aún con ese frio y todo mojado, nosotros bajamos ligeros y en poco tiempo estábamos envueltos por un clima muy húmedo pero con bastantes grados más de temperatura. La llegada hasta Chamonix fue más o menos rápida, localizamos y nos internamos en un bikepark de bajada pero con pena, tuvimos que salir de nuevo a la pista porque estaba embarradisimo.
Nos encontrabamos en la recta final de nuestro tour, tomamos algo en Chamonix y desde allí nos dispusimos a hacer los últimos 11km hasta Le Tour. Empezamos a subir por una bonita senda hacia Argentiere, nos cruzamos con una chica enduro que parecía sacada de una revista, por lo menos así nos pareció, tampoco pudimos verla mucho aunque nos hubiese gustado. No estuvo mal aquel sendero en subida, técnico y lento pero que nos dejo un buen sabor de boca. Desde Argentire y a unos 3km por carretera subimos hasta Le Tour soltando la fuerza que teníamos guardada, pedaleando con ritmo alegre hasta el aparcamiento donde teníamos la furgoneta finalizando así una de las aventuras en bici más autenticas de las que he hecho hasta el momento. Cuatro días de travesía y uno de descanso forzado por el tiempo por los Alpes franceses, suizos e italianos con todo nuestro equipaje en la espalda, valiéndonos solo de nuestras bicis y de nuestras piernas para dar la vuelta al emblemático e impresionante Monte Blanco y recorrer los fascinantes parajes naturales que lo rodean.
Gran Paradiso 4060m
Seguíamos de aventura, después de estar con la familia de mis amigos de Alicante Yolanda y Canito. Su yerno Hector, Canito, Jesús y yo, salimos hacía Pont para subir el Gran Paradiso, 4000 de los fáciles pero que a la postre resulto más arriesgado de lo que parecía. Pasamos el túnel del Mont Blanc hacia Courmayeur, tenía en el cenicero de la furgo monedas que habitualmente llevo y con eso pensaba pagar el peaje del túnel. Después de 1h de espera, nos toco el turno y cuál fue mi sorpresa cuando vi el importe marcado en la cabina, 54e de peaje para 17km.
La llegada a Pont fue espectacular, buen tiempo, aparcamos la furgo en la gran campa de un bucólico camping desde donde se divisaban las cumbres nevadas, preparamos todo y subimos hasta el refugio de Vittorio Emanuele por una agradable senda llena de paseantes.
Al día siguiente, nos levantamos muy temprano, desayunamos a las 4h de la madrugada y en torno a las 4,45h salimos hacía la cima. La ascensión fue también espectacular, cuando la niebla nos lo permitía, disfrutábamos sin mediar palabra de la exagerada belleza del lugar, incluso vimos bastante rato el gran Monte Bianco. Cuando llegamos al terreno nevado, paramos a ponernos los crampones, yo había subido hasta allí con zapatillas de treking y tuve que ponerme también las botas pasando un rato de apuro por el frio, unos más que otros pero hacía frio de verdad, nos encordamos y nos adentramos en territorio hostil, entramos de lleno en el glaciar. No era una glaciar como los de aquí, este tenía unas grietas donde no se veía el fondo y aún viendo el camino bien marcado por la gente que subía, era realmente emocionante mirar hacía las profundidades del hielo. Sobrecogidos por un paraje incomparable, disfrutamos de cada paso que dábamos en el hielo, no podíamos dejar de admirar toda aquella belleza, todo el espectáculo de grietas, picos e imágenes de ensueño. Con el paso de las horas, fuimos acercándonos a la cima y desde el último collado antes de llegar, ya se divisaba la rimaya de acceso con unas escaleras metálicas que había montadas y la pequeña cumbre llena de cordadas.
Aquí se complicaba la cosa. Es cierto que el paso de la rimaya con sus escaleras metálicas y las posteriores talladas en la nieve helada no era difícil en subida pero el tránsito de gente que allí había, hacia que en ocasiones tuvieras prisa por subir o bajar con el riesgo que eso conlleva. Llegamos a la cima no sin dificultades debido a la cantidad de cordadas que había. En el paso complicado a 3 metros de la cima con una caída al vacío de las que es mejor no mirar, fuimos poniendo seguros en los anclajes que íbamos encontrando y con permiso de los que bajaban, pasamos los 4 sin demasiado apuro.
Fotos de cima, en cierto modo alegría por estar en la cumbre pero a la vez y hablo por mí, nerviosismo por ver lo que subía hacia nosotros. Cordadas y cordadas avanzaban hacia la pequeña y expuesta cima. Algunos con muy buen criterio, montaban rapeles para bajar por el otro lado y acceder más abajo al camino menos expuesto de regreso. Nosotros lo pensamos pero en un momento que vimos vía libre, estábamos metidos de lleno en el paso de regreso. Después del paso había otro tramo expuesto, con una pared donde poder arrimarte y pasar con tranquilidad, pero este se encontraba lleno de gente que lógicamente estaba pegada a la seguridad de la pared esperando que nosotros bajáramos sin ningún tipo de anclaje y dando pasos por el hielo al borde del precipicio. Incluso en este momento un guía de la zona, nos “empujaba” para que bajáramos. Nos hablaba y nos hacía gestos con las manos, yo le miré 1 seg con mi peor cara y seguí concentrado en lo mío. Nos habían comentado que los guías tenían poca paciencia con los montañeros que no les contrataban e iban por libre y aún sin tener grandes problemas con ellos, vimos un par de malos actos que no nos gustaron nada.
A la llegada a la escalera metálica, me giré y le dije a Jesús que iba el último, que bajábamos totalmente desprotegidos y que una caída de cualquiera de los 4, nos arrastraría al resto hasta el glaciar, él me miro serio y me dijo que tenía razón…no pensé demasiado y me ceñí en hacerlo bien y no cometer ningún fallo pero igual a consecuencia de esas dos frases que intercambiamos, mi confianza disminuyo y mis pasos en las escaleras de hielo hasta las metálicas fueron muy lentos y cautelosos. Cuando nos encontrábamos cerca de las escaleras metálicas, último paso de dificultad. Creo que incluso Héctor que era el primero de nosotros estaba metido en la escalera, un guía con dos clientes atravesó nuestra cordada entre él y Canito provocando en mí un sentimiento de rabia y de nerviosismo. Igual es algo normal el pasar por encima de otras cordadas, no tengo experiencia en esto pero no lo creo.
Pasado los tramos de peligro, hicimos una tranquila y fácil bajada admirando de nuevo aquel espectáculo blanco hasta el refugio donde comimos, descansamos un rato y salimos hacia el camping, nuestra furgoneta y final del camino.
Me pareció un monte magnifico, una subida espectacular con gran carácter alpino, unas vistas para llenar el ordenador de preciosas imágenes y un refugio con un gran ambiente montañero donde te sientes como un gran expedicionario. Pero todo ese éxito, se convierte en un caos al llegar a la ansiada cima. Toda la gente que dormíamos en el refugio Vittorio Emanuele, recorríamos los pocos y expuestos metros de arista cimera que tiene el Gran Paradiso repartidos en unas pocas horas de la mañana. Lo cual aparte de quitarle interés al hecho de hacer cumbre, le añadía peligrosidad a un monte que si las condiciones de nieve son las adecuadas, debería ser como bien lo catalogan, una ascensión “fácil”.
Esta reflexión debería hacerme pensar en que la próxima ascensión sea a algún pico menos concurrido pero mientras lo escribo, solo me viene a la cabeza el gran Monte Blanco, sus interminables palas de hielo y las incesantes cordadas de montañeros que en época estival se divisan por sus blancas pendientes.



LES GETS
Al día siguiente, nos despedimos de nuestros amigos y Jesús y yo nos fuimos a Lets Gets para recorrer Porter Du Solei con las bicis. 80km encadenando valles con remontes mecánicos, 1000m positivos pedaleando y 7000 negativos para disfrutar de nuestras bicis y de la velocidad por los bike parks de la zona.
La emoción era máxima, sacamos los forfait y rápidamente al primer remonte. Empezamos a las 11 de la mañana con demasiada tranquilidad y sin pensar demasiado que los remontes para volver a Les Gets cerraban a las 16,30h. La zona de Les Gets y Morzine es un parque de nieve comunicado por telesillas y remontes pero en la época estival, está lleno de bicicletas, de tiendas de alquiler y de ropa para los bikers. Familias enteras cogen las telesillas con sus bicis de Down Hill, (descenso en btt con bicicletas de amortiguación de largo recorrido y ruedas de “tractor” resistentes a piedras, baches y saltos) , algunos llevan bicis de enduro pero sobre todo DH. Bonito ver a los niños pequeños acompañados de sus padres usando protecciones y cascos integrales la familia al completo.
Gente con no muy buena forma física pero que disfrutan de la ventaja de tener los remontes cerca de sus casas, personas mayores con sus bicicletones de ruedas gordas y amortiguaciones de doble pletina. Cuadrillas de chavales jóvenes que solo de verles daban miedo pensando en cómo bajarían y nosotros dispuestos a disfrutar de poca subida y de mucha bajada. Algo a lo que no estábamos acostumbrados porque nos gusta subir tanto como bajar pero que metidos en faena y habiendo visto los videos de promoción de la actividad, íbamos dispuestos a disfrutar de todo ese montaje y sobre todo de sus vistas y de sus bajadas.
La ruta en sí, nos gusto, hicimos muy buenas bajadas, algunas excepcionales pero nos encontramos con que los enlaces de un remonte a otro, sobre todo a partir de la primera parte del recorrido, eran por pistas de ski en invierno y pistas sin demasiado interés en agosto para nuestras bicis.
Al final tuvimos que recortar unos 10km de la ruta para llegar a la hora al telesilla que nos devolvía a nuestro valle y no tener que llegar por carretera hasta el inicio de la ruta.
No estuvo mal y pasamos un día genial viendo el ambiente alpino desde los telesillas mientras nuestras enduro viajaban a nuestro lado pero nos esperábamos más de lo que allí vivimos.
Al día siguiente, decidimos hacer solo el bruto por los bike parks y no dar ni un pedal cuesta arriba. En un principio íbamos a alquilar unas bicis de DH para probar esas maquinas de doble pletina y ver cómo saltaban y pasaban los obstáculos pero al pedir información yo me eche para atrás.
Jesús decidió que quería probar y fuimos a por una, el sitio estaba lleno de bicis de alquiler pero al ir en el mismo día a alquilar, resulto que no quedaban disponibles.
El forfait costaba 25e pero el alquiler de la DH era sobre 100e, dependiendo de qué año fueran las bicis. Aunque suponía una oportunidad única para probarlas, a mi me pareció demasiado dinero para un solo día, sobre todo teniendo nuestras bicis allí para demostrarnos que ellas también eran muy dignas en aquellos terrenos. No sé cuantas bajadas hicimos, mirábamos las sendas de bajada desde las alturas mientras subíamos y decidíamos bajar por unas u otras. Mientras uno bajaba, el otro le seguía grabando. La verdad es que nos divertimos muchísimo, uno detrás del otro, apretábamos en las sendas exprimiendo las bicis y a nosotros mismos de una manera brutal, no había descanso y aunque parezca que el bajar no cansa, subíamos de pulsaciones como en muchas cuestas arriba.
Gracias a que íbamos bien protegidos logramos salir sin un rasguño de nuestras caídas, solo nos toco una a cada uno. Jesús derrapo con ambas ruedas en un peralte y probó el casco contra un tronco comprobando que era útil. En mi caso, cuando iba grabando a Jesús, me subí más de la cuenta en un peralte con la bici descontrolada y al caer desde arriba di más vueltas que un tiovivo grabándolo todo con la cámara colocada en mi propio casco, experimentando que coderas y rodilleras se llevan por algo.
DIA 22
Despedida de Jesús, le lleve hasta el aeropuerto de Ginebra y nos despedimos dejando atrás 11 días que no se borraran de nuestra memoria en mucho tiempo. Vuelta al Mont Blanc en bici, ascensión al Gran Paradiso, Porter du Solei y BikeParks de Les Gets y Morzine.
Aunque he disfrutado muchismo de la aventura en general, me quedo sin duda con la vuelta al Mont Blanc en bici, con todas sus vivencias, buenas y menos buenas, con su calor y con su frio, con encontrarte a 2600m con tu bici entre glaciares colgados y eternos paisajes, con la gente que conocimos y que nos hacían entender la aventura bajo su punto de vista. Pero sobre todo, con viajar con alguien muy parecido a ti, con pocos límites físicos pero más importante aún, sin límites mentales. Sin duda, 11 días para no olvidar nunca.
Yo seguí mi andadura por la zona, me quedaba por delante algo más de una semana para seguir correteando por los Alpes. Antes de salir para Chamonix, ya en la salida de Ginebra, deje la furgo en una estación de servicio de las afueras, y con mi bicicleta y a modo de turista, fui a visitar la ciudad. Más que la ciudad en sí, quería ver el lago Lemán y su impresionante salida de agua de 140m, (Jet d´Eau). Desde la bici como siempre se ven las cosas de una manera especial, también muy útil para acercarme desde donde deje la furgoneta sin necesidad de transporte alguno, viendo, sintiendo y oliendo cada rincón de la ciudad por donde pasaba. El lago Lemán es impresionante, realmente parece un mar, lleno de barquitos de pesca, turísticos, playas artificiales con gran estilo, pequeñas calas donde la gente pesca y se baña, gente haciendo kayak y remando tranquilamente de pie en sus tablas de “surf”. Me toco visitarlo en un día de mucho calor y aún sin traje de baño, pare en una agradable playita de hierba, deje mi bici a la vista y me di un relajante baño en sus dulces y limpias aguas disfrutando plenamente del momento.
UTMB (170Km 10000m +)
La última semana, conviví con mis buenos amigos Yolanda y Canito, con su hija Lorena, su yerno Héctor y el hijo de ambos, el pequeño y simpático Eneko esperando el día de la salida de la UTMB. La Ultra Trail del Mont Blanc es la carrera de montaña más popular a nivel mundial, 170km y 10000m de desnivel positivo alrededor del gran Monte Blanco donde los participantes recorren impresionantes parajes por territorio francés, italiano y suizo en una prueba que parece representar los “juegos olímpicos” de cualquier otra disciplina deportiva.
Yolanda y Canito corrían y yo me quede para ayudarles en lo que pudiera, saliendo a correr distancias cortas, otros días andando, pero sobre todo animándoles y apoyándoles el día de la carrera. En esa semana y distribuidos en diferentes días, salían a correr por aquellos parajes más de 7000 corredores, solo en la UTMB, salieron 2500.
A parte de Yolanda y Canito, Héctor, Lorena y el pequeño Eneko, con los que pase una inolvidable semana en Chamonix, estaba Uxue, ella también corría la UTMB, habíamos hablado para volver juntos en mi furgo y a pesar de que estaba con su grupo, yo quería ayudarle de la forma que pudiera. Dos días antes de la carrera, me invitaron a la casa donde se hospedaban a una barabacoa que duro casi todo el día. Por una parte mirando a los glaciares y deseando escapar a correr por las alturas pero por otra y creo que más fuerte, dentro de un bonito grupo de gente maja, comiendo en dos veces por la cantidad de comida que habían preparado, oyendo aventuras de carreras y demás eventos deportivos, practicando Euskara y echando una siesta bajo el sol, pase un precioso día también para recordar.
ro al poco de ponerme la ropa, apareció en el puesto de control que tenían en el ref, (km 45). Con Yolanda y de noche, si me atreví a correr un rato con ella, hablamos mientras corría, pero YolaDia 28, salida de la UTMB.
Si pensaba que las grandes aventuras se habían acabado con la partida de Jesús, si pensaba que por no correr la UTMB iba a estar algo más relajado, estaba totalmente equivocado. Viví una de las mejores experiencias que se pueden vivir ayudando a mis amigos. Disfrutando de verles sufrir, luchar, llorar de dolor, de calor y de frio, pero sobre todo de verles llegar después de dos noches sin dormir corriendo por aquellas impresionantes montañas con sus corazones y sus almas repletos de felicidad.
Después de ver la emocionante salida de los 2500 corredores, rápidamente, cogimos la autocaravana de Héctor y Lorena y salimos hacia Saint Gervais para ver el primer paso de los corredores a los más o menos 20km de la salida. Y de allí seguir por el itinerario de la carrera esperando a Yolanda y Canito en los distintos puntos de avituallamiento. En Saint Gervais, emocionados ya vimos pasar a Uxue en puestos de cabeza, a Yolanda con un ánimo y entusiasmo digno de la campeona que es y a un Canito superado por la prueba y sus dimensiones pero que no había dicho su última palabra, le quedaba mucho por sufrir y mucho más aún por luchar y tirar para delante. Corrí un rato detrás de cada uno de mis amigos, sintiendo un subidón de los buenos, yo quería empujarles pero no sabía muy bien cómo y el correr a su lado a ratos, me parecía una manera de hacerlo.
Cuando corrí detrás de Uxue, me encontré a su hermano Lander y a su amigo Peio, ellos le iban a seguir toda la carrera, les pregunte si podía correr al lado de Uxue si la volvía a encontrar y me dijeron que a ella no le gustaba, más que nada por la prohibición de que ningún corredor sea acompañado por familiares o amigos y ante la posible descalificación. Corredores como Uxue, con opciones reales, lógicamente preferían correr solos.
Después de la emoción de verles en plena batalla, y ya de noche, partimos hacía Chapieux. Chapieux lo vi por la noche, pero aún así se veía bajo la luz de la impresionante luna llena, que era un bonito valle rodeado de montañas donde habían montado el punto de avituallamiento en el km 50 de carrera. Ya tenía decidido subir hasta el Ref de Bonhome a ver a mis tres amigos, estaba vestido para correr y tenía mi mochila preparada con algo de comida y ropa para pasar la noche por el monte en busca de ellos. Sobre las 12 de la noche, salí del avituallamiento en dirección a las luces frontales de los primeros corredores. Cuando vi que eran más o menos de los primeros, me alegre ya que podría ver incluso a Uxue y bajo la luz de la preciosa luna llena y su claridad, comencé mi ascensión hacia Bonhome. Oyendo la música del pequeño concierto que tenían montado en el avituallamiento, con mi frontal colocado en la cabeza pero apagado para no molestar a los corredores que bajaban y acompañado de la luminosidad de la noche, me fui cruzando y animando a un montón de corredores sin ver nada más que su luz frontal pero sintiendo una enorme sensación de disfrute, tranquilidad y paz.
Efectivamente, al rato de empezar a subir, vi a Uxue, le salude y le pregunte a ver cómo iba, me contesto, “bueno, voy haciendo”…yo me quede con rabia por no poder acompañarla un rato en la bajada pero resistí la tentación y no tente al destino mientras veía como se alejaba monte abajo.
Poco a poco fui olvidando la rabia de no poder correr con ella y fui llegando al Ref de Bonhome. El refugio estaba a 2445m, lo conocía bien ya que fue donde pasamos un día parados por el mal tiempo Jesús y yo con las bicis, me abrigue dispuesto a esperar a Yolanda, penda estaba fuerte, animada y dándome explicaciones de la bajada. Ella había estado en Chamonix todo el mes de agosto para aprenderse el circuito de memoria y así le fue, tenía todo calculado, horario que fue clavando hasta que vio que la cautela con que había programado sus horas de llegada a los avituallamientos, se iba viendo recortada a su favor e iba bajando el tiempo calculado y escrito en su cuaderno de notas días antes de la carrera.
Corrí unos 10 minutos cuesta abajo con ella, iba como un tiro, no necesitaba nada más de mi. Me despedí y le dije que me iba en busca de Canito, volví a subir a Bonhome, me volví a abrigar y espere sobre 1h a que llegara mi amigo. Le espere metido en la entrada del refugio porque me quede helado en el exterior, desde allí veía el punto de control por el que todos los corredores tenían que pasar y más o menos pude aguantar mi inactividad. Le vi pasar el control, le deje que se alejara un poco y salí corriendo detrás, le abrace por detrás, hablamos cuatro palabras mientras seguíamos trotando y me adelante un poco. De repente, me hablo otra vez y me dijo que quien era yo, que no me había conocido, casi me caigo de la risa. Seguimos hablando y en cuanto vio quien era, empezó a contarme su carrera. Estaba helado, le dolían las rodillas y tenia nauseas, no podía comer y hablaba entrecortado debido al frio y al cansancio. Yo pase un rato que no sabía si animarle o aconsejarle que se retirara en el avituallamiento, era el km 45, le faltaban más de 120km y su estado no me dejaba ser muy optimista. Pasamos un rato bajando, mientras él a cada paso gemía de dolor por sus rodillas. En una laja mojada, donde parecía que ya hablaba de una forma más coordinada, yo la había visto, iba delante de él pero pensé que el también la vería y decidí no decirle nada. La pase temeroso, escuchando el ruido de sus pisadas y efectivamente lo que me temía, un ruido de zapatillas derrapando, mire para atrás y le vi en el suelo mientras los corredores que venían por atrás le ayudaban. Bien, a partir de aquí, cambio totalmente la situación, fuimos descendiendo por la senda y a medida que mejoraba el camino, Canito se fue recuperando casi milagrosamente.
Llegamos al avituallamiento, allí estaban esperando Héctor y Lorena, le dijimos que tenía que hacer el esfuerzo de comer y así lo hizo. Veíamos dentro del avituallamiento desde las vallas como a cada bocado que daba, corría en busca de una papelera para vomitar, así varias veces hasta que consiguió comer algo.
Nosotros nos fuimos hasta Courmayeur en busca de Yolanda, dormimos una hora en la autocaravana y fuimos a esperarle al avituallamiento. Por internet veíamos cuando pasaban por los puntos de control y sabíamos más o menos cuando pasarían por el siguiente, de esta manera sabíamos donde teníamos que llegar y a qué hora aproximadamente.
Yolanda seguía igual, animada, positiva y con signos de gran fortaleza. Después de avituallar con Lorena salió como siempre con una sonrisa hacia su siguiente avituallamiento. Creo que a estas alturas también sabíamos que Uxue estaba en tercera posición lo que a mí me alegraba profundamente. Dormimos otras dos horas hasta que llego Canito y cuando le vimos dirigirse hacia el avituallamiento, vimos un rostro totalmente distinto, hablaba y coordinaba perfectamente, estaba animado y decidido a acabar como fuera. Ahí él fue quien nos dio ánimos al ver el cambio que había experimentado. Entré con él al avituallamiento, le lleve la comida y bebida, café y cualquier cosa que se le ocurría y que hubiera en el avituallamiento. Yo también desayune, llevaba toda la noche sin dormir y casi sin comer y aproveche para picar algo,jjjj. Hablamos de cómo estaba, de cualquier detalle que se nos ocurría sobre la prueba y el recorrido, y en ese momento pensé que si no le sucedía nada, sería finisher de la UTMB.
Llegamos a la Fouly, hacía un calor de muerte, allí esperamos a Yolanda hacía el mediodía, ahí fue el único momento que le vi flaquear, pero entre Héctor, Lorena, Eneko y yo, le dimos un buen “empujón”, charlamos con ella y le cambio la cara y los ánimos y salió corriendo hacia Champex-Lac con fuerzas renovadas.
Champex-Lac también lo conocía ya que Jesús y yo dormimos allí en nuestra primera etapa de la vuelta al MB. Acompañamos a Yolanda a lo largo de todo el pueblo, allí todo el mundo lo hacía y nadie decía nada. Yolanda iba la primera de su categoría con muchísima ventaja y allí vimos que Uxue estaba en segunda posición y al poco tiempo entraba en meta manteniéndola. Para mí y aunque no estuviera en la meta viéndola, fue un verdadero subidon, me quede alucinado y pensativo, menuda tia…me costó reaccionar pero me dejo una sensación de alegría que todavía hoy puedo recordar.
Cuando llego Canito, me cole en el avituallamiento con ellos, estaba Lorena con él. En determinados avituallamientos, dejaban previa presentación de una tarjeta de acompañante entrar con los corredores, un acompañante por corredor, aquí estuvimos Lorena y yo que me cole. Canito tenía una cara de sueño que se moría, le lleve un café de caballo y se lo tomo sin rechistar, se le abría la boca hasta la mesa donde estaba sentado pero su cara no era mala. Se había juntado con dos compañeros, el de más edad tenía la planta del pie en carne viva, allí mismo se vendo el pie ante nuestra atenta mirada, cogió una gran venda y se la enrosco dando vueltas y vueltas alrededor del pie. En ese momento les vi pasados de vueltas, los ojos llorosos y enrojecidos, divagando intentando darse ánimos los unos a los otros. Era su segunda noche de carrera, yo iba a trotar 17km con Canito hasta el siguiente avituallamiento, estaba vestido para correr, pero al ver el trío que habían formado y las conversaciones que tenían. Por un lado las notaba sin demasiada coherencia pero a la vez estaban todas dirigidas en la misma dirección, acabar como fuera, decidí montar en la autocarvana, e ir a ver la llegada de Yolanda. Antes de partir para ver a Yolanda en meta, acompañamos a Canito el rato que duraba atravesar el pueblo y les dejamos marchar. En el momento que nos levantamos de la mesa del avituallamiento, Canito arrastraba las piernas por la carretera pero en muy poco tiempo, consiguió olvidar el dolor y andar ligero, casi al trote. Impresionante la capacidad de sufrimiento y las fuerzas que sacaban de la nada. Disfrute muchísimo de ver a alguien querido luchar de esa manera, la actitud de Canito me dejo marcado, todavía saboreo esa sensación. Menuda lección nos dio, se salió, se supero, hizo que todos los que le empujábamos nos emocionáramos cada vez que le veíamos.
Línea de meta, 3h de la madrugada y apoyados en las vallas cercanas al arco de meta esperando a Yolanda, junto a los de su equipo esperamos ansiosos la llegada de la campeona de veteranos 2 con 4h menos que la anterior marca. Impresionante carrera de Yolanda que supero incluso sus propias expectativas y allí la vimos llegar…a las 4,30h de la madrugada, después de recorrer 170km y 10000m + de desnivel y 34,5h, la campeona de esa categoría llegaba llorando en una mezcla de sentimientos, entre el dolor general pero sobre todo de su talón y la inmensa felicidad que tenía al verse de esa manera en la meta.
Todos lloramos de emoción al verla, momento único que sumo a lo relatado anteriormente en mi historia y que sin duda guardare para siempre en mi memoria.
10h más tarde, ya de día y acompañado de sus dos compañeros de aventura, entraba en Chamonix mi amigo Canito. Haciendo gala de su fuerza física y mental, dejándonos a todos y a mí el primero boquiabiertos por haber sido capaz de luchar hasta casi perder el sentido por conseguir un triunfo que poca gente llega ni tan siquiera a imaginar.
Solo puedo dar las gracias a Yolanda y a Canito por esos momentos únicos.
El domingo mismo la autocaravana con mis amigos de Alicante partió y yo me quede para salir al día siguiente tranquilo y sin prisa. Cene con Uxue y una mezcla de gente de varios sitios, unos corredores, otros acompañantes, un fotógrafo amigo de Uxue y algún indefinido como yo.
A la mañana siguiente, lunes y después de la UTMB, ya no quedaba nadie por Chamonix, y después de mirar al MB por última vez hasta la próxima, me despedí con alegría del lugar llevándome a cuestas una experiencia de las buenas, de las que te hacen ser feliz, de las que te ayudan a crecer como persona y a entender que en el mundo hay gente que realmente merece la pena.
Dado que las vacaciones de mis últimos años han sido aventuras en solitario, hoy necesito agradecer y valorar a mis amigos el haber formado parte de esta bonita historia. Conecte con Jesús desde el primer momento, como he escrito anteriormente, con un poder físico brutal pero aún más mental, hace que sea un compañero para disfrutar sin límites, con una atractiva forma de vida y que me alegro de haberle conocido en profundidad y haber compartido con él estás bonitas y autenticas aventuras, (tu sí que molas)…Héctor y Lorena, hicieron de anfitriones y compañeros durante mi última semana en Chamonix, juntos hemos disfrutado de algún bonito paseo en bici y a pie por el monte pero sobre todo, nos hemos emocionado de verdad siguiendo a esa pareja inigualable que son Yolanda y Canito. Amigos míos desde hace ya muchos años, con los que siempre he vivido buenos momentos y con los que seguro seguiré viviéndolos. También emoción en la lejanía gracias a la gran Uxue que nos hizo disfrutar siguiéndola por internet, que me dio un insoportable viaje de vuelta de compras, bailes y coladas con el mapa y que pienso que es una gran chica que me alegro de haber conocido un poco más!!!...
Hasta siempre!!!
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Los siguientes usuarios han agradecido: Martin, iturri, mariano, bttadicto, alvaro asa

Alpes 2015 6 años 5 meses ago #44119

  • Natxo
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zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz :S :S :S :S :S :whistle: :whistle: :whistle: :P :P :P :P
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Alpes 2015 6 años 5 meses ago #44125

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Enhorabuena compañeros estos viajes son los que dan envidia
COXCHINA
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Alpes 2015 6 años 5 meses ago #44127

  • Martin
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Da envidia, mucha envidia :) :) :) :) :)
Non gogoa,han zangoa. "Donde van tus pensamientos van tus pasos".
La bicicleta es un vehículo curioso, su pasajero es su motor.( A veces el pasajero lleva una ayuda)
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